A falta de una literatura propia, inauguro hoy este blog literario. Creo fielmente en que a la palabra no se la debe presionar, pero también estoy adscrito a los que creen que la obra es improrrogable. Ingenuamente espero, pues, advertir en mi razón una idea que eventualmente cobre fuerza y se yerga como un poema o como un cuento. El nombre de blog literario encubra quizá el verdadero sentido de los textos que lo conformarán, serán prácticamente apuntes sobre las impresiones de las lecturas que me lleven por el tiempo, éste sí —sin posibilidad de contrario— improrrogable. Así que aquí se inaugura una espada de dos filos, por un lado los comentarios que mínimamente se le pueden hacer a una obra y por el otro, provista de un egoísmo brutal, la ambición de un ágrafo por dejar de serlo. Es la segunda vez que me aventuro en una faena de este calibre, de la primera surgió un pequeño relato que pasó a ser un ishikoro —http://comeimposturas.blogspot.com/— y unos meses de escritura que se agotaron como se agota un charco cara a cara con el sol. Esto que hago, que quede claro, se debe a la imposibilidad de la renuncia, porque tengo veinte años y mis ojos no han dicho ni dicen nada. Helo aquí.